Un lleno que desafió al fútbol y premió la música
La noche de Estival Cuenca se impuso a la competencia del Mundial. Con el cartel de entradas agotadas, Paquito D’Rivera encabezó una velada de jazz que congregó a un público atento y fiel en el entorno del Espacio Torner. El festival reconoció la trayectoria del veterano clarinetista con el premio Alhambra, en una cita que combinó virtuosismo, cercanía y un guion musical de fronteras abiertas.
La coincidencia con el partido de la selección no restó pulso al concierto. Con la eliminatoria bien encaminada a raíz del tanto de Oyarzabal mientras aún sonaba The Teacher’s Band, el auditorio fijó el foco en el escenario, donde D’Rivera desplegó un diálogo fluido con el pianista Pepe Rivero y el colombiano Sebastián Laverde, a la marimba, el vibráfono y la percusión. El resultado fue un mosaico estilístico que transitó por clásicos europeos, boleros y guiños a José Luis Perales, hilvanados por la elegancia del clarinete y la imaginación al piano.
Un viaje sonoro de Europa a América
El repertorio, con un pulso más europeo de lo esperado, dejó huella en piezas como Miriam, impregnada de una esencia francesa, pero también viró hacia el Caribe y Sudamérica en la recta final. D’Rivera, Rivero y Laverde jugaron con la idea de confundir orígenes y escuelas con la noción de los «pasaportes equivocados», proponiendo que las etiquetas nacionales sobran cuando la música se improvisa y se comparte.
«Pasaportes equivocados»
Sobre esa premisa, el trío trenzó improvisaciones que alternaron lirismo y vértigo. El clarinete aportó color y hondura, el teclado de Rivero fue la senda cambiante que guiaba las modulaciones, y Laverde sostuvo y aceleró el pulso con marimba, vibráfono y percusión, destacando en pasajes como Invitación al danzón. Hubo momento solemne con la dedicatoria de un vals a Venezuela tras los recientes terremotos, y otros de humor cuando el maestro apeló a la memoria popular, recordando a Los Payasos de la Tele para invitar a la complicidad del público.
Un cierre de samba y mambo que levantó al público
Al final, los ritmos latinos tomaron el mando. Tras casi dos horas de música, el concierto se despidió con To Brenda with love, una samba dedicada a su esposa, y un mambo compuesto junto a Chucho Valdés, que puso en pie a la audiencia. El ensamblaje del trío, asentado en la escucha y el riesgo compartido, ofreció un balance solvente entre clasicismo, mestizaje y juego escénico.
Impacto para la ciudad y el festival
La velada reafirma la capacidad de Estival Cuenca para atraer propuestas internacionales y sostener un público propio incluso en jornadas de gran competencia televisiva. Para la ciudad y su casco histórico, actuaciones con aforo completo activan la actividad hostelera y consolidan al festival como escaparate de temporada. La entrega del premio Alhambra a D’Rivera, figura referencial del jazz latino y la fusión académica, añade un sello de prestigio a una edición que busca tender puentes entre tradiciones y nuevos públicos.
El trío y algunas piezas destacadas
| Obra o momento | Rasgo |
|---|---|
| Miriam | Aires europeos con esencia francesa |
| Invitación al danzón | Protagonismo rítmico de Sebastián Laverde |
| To Brenda with love | Samba de cierre dedicada a su esposa |
| Mambo con Chucho Valdés | Final festivo con sabor cubano |
Claves de una noche redonda
- Premio Alhambra para Paquito D’Rivera y reconocimiento del público con aforo completo.
- Repertorio híbrido: boleros, piezas de raíz clásica y referencias a José Luis Perales.
- Cierre con ritmos latinos que activaron la interacción y el aplauso sostenido.
Estival Cuenca suma así una de sus noches más celebradas de esta edición, con un concierto a la intemperie del calendario que convirtió la diversidad musical en argumento central y proyectó la imagen cultural de la ciudad ante asistentes locales y visitantes.