Contraste entre dos etapas municipales
La gestión de los vestigios del franquismo en el callejero de Santa Cruz de Tenerife evidencia un marcado contraste entre la actuación de principios de siglo y la praxis del gobierno local actual. Según el recuento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, la alcaldía de Miguel Zerolo impulsó, ya a comienzos de los años 2000, una sustitución directa de denominaciones que vinculaban espacios públicos con figuras del régimen.
En 2008, recuerda la presidenta de la asociación, Mercedes Pérez Schwartz, se procedió al cambio de nombres como Rambla del General Franco o Avenida del General Mola, que pasaron a llamarse Ramblas de Santa Cruz y Avenida Islas Canarias, respectivamente. Aquella intervención se ejecutó, según la asociación, con rapidez y sin un amplio proceso público, en un contexto en que aún no existía la normativa de memoria histórica que después regularía estos procedimientos.
Percepción de los colectivos memorialistas
Dos décadas después, la percepción entre quienes trabajan en la recuperación de la memoria es distinta. La existencia de normas estatales y autonómicas que obligan a retirar simbología franquista no ha supuesto, a juicio de la asociación, una implementación expedita en el ámbito municipal.
“No había ley, pero sí voluntad”,recuerda Pérez Schwartz sobre la actuación de 2008, y añade que hoy observa una actitud que califica de dubitativa por parte del Ayuntamiento.
Ese carácter vacilante, explica la representante, se vincula a equilibrios políticos en el consistorio y a mensajes que, en su opinión, se contradicen: "El problema es que un día se dice una cosa y otro día otra". La asociación interpreta esa falta de continuidad como un freno para completar las adaptaciones del espacio público que exigen la normativa y la ética democrática.
Calles renombradas y su ejemplo local
Además de las citadas Ramblas y avenida, el cambio afectó a otras calles: General Moscardó pasó a ser Del Amor; General Goded, Del Perdón; General Fanjul, Del Olvido; General Sanjurjo, De los Sueños; y García Morato pasó a llamarse De la Tolerancia. Esos ejemplos muestran cómo entonces se afrontó la transformación del callejero sin un marco legal específico, pero con una decisión política clara.
Para los vecinos de Santa Cruz de Tenerife, estos cambios supusieron no solo nuevas placas sino también un ajuste simbólico del paisaje urbano que busca alejar referencias de la dictadura. La discusión actual plantea cómo compatibilizar la normativa vigente con los procesos participativos y administrativos necesarios para completar la retirada de símbolos franquistas.
Implicaciones y retos municipales
El caso de la capital tinerfeña plantea cuestiones prácticas para la gestión local: la secuencia administrativa que exige la ley, la necesidad de diálogo con colectivos memorialistas y la conveniencia de articular procesos transparentes que eviten percepciones de arbitrariedad. La asociación memorialista reclama coherencia y ritmo en la aplicación de las normativas que, según su relato, han perdido impulso respecto a la actuación precoz de la década de 2000.
| Acontecimiento | Acción tomada |
|---|---|
| 2008 | Cambio de varias denominaciones del callejero sin marco legal específico |
| Actualidad | Aplicación más lenta y percibida como dubitativa por colectivos memorialistas |
- La sustitución de calles en 2008 se realizó por decisión municipal y con rapidez.
- Hoy existen normas estatales y autonómicas que obligan a retirar simbología franquista.
- Los colectivos exigen coherencia y mayor diligencia al Ayuntamiento actual.
El debate continúa abierto en Santa Cruz de Tenerife, donde la memoria histórica sigue condicionando decisiones sobre el espacio público y la convivencia democrática en la ciudad.