Una carta colectiva que busca marcar postura en el mundo literario
Más de 500 voces del ámbito cultural han firmado un manifiesto que respalda la exclusión de la escritora Ariana Harwicz del festival Cultura Alhambra de Granada y que reclama una revisión de los lazos institucionales con el Estado de Israel y con entidades «implicadas en la violencia contra el pueblo palestino». Entre los firmantes figuran nombres relevantes del panorama literario y audiovisual como Cristina Rivera Garza, Marta Sanz, Lucrecia Martel, Rodrigo Sorogoyen y Alejandro Zambra, además de creadoras y pensadoras como Camila Sosa, Paul B. Preciado, Nerea Pérez de las Heras, María Galindo o Alana Portero.
El escrito expresa respaldo a la Red Universitaria por Palestina de Granada, que promovió inicialmente el veto, y reivindica la actuación como una forma de «organización, boicot, protesta y acción colectiva pública, pacífica y legal». Los firmantes subrayan que no persiguen la integridad física de nadie ni ataques a identidades, sino una respuesta civil y organizada ante lo que consideran discursos que justifican o niegan la violencia contra el pueblo palestino.
"No perseguimos identidades. No sembramos violencia. Proponemos organización, boicot, protesta y acción colectiva pública, pacífica y legal"
La carta aparece apenas un día después de la difusión de otro manifiesto firmado por 350 escritores que denunciaba las prácticas de «cancelación» y cuestionaba la exclusión de autores por sus posturas públicas. Este choque revela una división notable dentro del mundo cultural, donde conviven criterios contrapuestos sobre hasta qué punto las opiniones políticas deben condicionar la participación en encuentros profesionales y académicos.
El debate tiene más capas: no se trata únicamente de una decisión puntual sobre la presencia de una autora en un festival, sino de la exigencia —que plantean los firmantes— de que editoriales, festivales, ferias del libro, universidades, residencias, premios, fundaciones e instituciones culturales revisen sus relaciones y compromisos institucionales. Es decir, se plantea un diagnóstico sobre complicidades institucionales en escenarios de violencia internacional y se reclama una respuesta colectiva del sector cultural.
Las consecuencias prácticas de este manifiesto pueden manifestarse en distintos frentes: presiones para modificar programaciones y contratos, debates internos en comités curatoriales y académicos, y mayor atención pública a las políticas culturales de instituciones que hasta ahora operaban al margen de estos linchamientos políticos. También es probable que la polarización pública incremente la atención mediática sobre festivales y ciclos literarios, y que las redes de solidaridad y boicot se organicen con mayor visibilidad.
- Firmantes destacados: Cristina Rivera Garza, Marta Sanz, Lucrecia Martel, Rodrigo Sorogoyen, Alejandro Zambra, Paul B. Preciado, Alana Portero.
- Actor impulsor del veto: Red Universitaria por Palestina de Granada.
- Reclamación central: revisión de vínculos institucionales con el Estado de Israel y entidades implicadas en la violencia contra el pueblo palestino.
| Elemento | Datos |
|---|---|
| Firmas del manifiesto | Más de 500 |
| Manifiesto contrapuesto (día anterior) | 350 escritores contra las cancelaciones |
El episodio trae a primer plano preguntas difíciles: ¿hasta qué punto deben las instituciones culturales priorizar criterios éticos y políticos en la programación? ¿Qué límites ponen la libertad de expresión y la responsabilidad social? Y, sobre todo, ¿qué marco legal y ético debe guiar las respuestas colectivas ante conflictos internacionales que polarizan la sociedad civil?
Mientras los sectores implicados elaboran sus argumentos y estrategias, la literatura y la cultura española y latinoamericana se ven obligadas a confrontar sus propias prácticas: no sólo la de acoger voces diversas, sino también la de definir los límites de la convivencia pública en un contexto de movilización global por causas humanitarias y políticas.
La firma masiva de este manifiesto es, en sí misma, un signo: la cultura no es un terreno apolítico y las decisiones curatoriales o institucionales tienen efectos simbólicos y prácticos que reverberan mucho más allá de un festival o una ciudad.