Un gesto artístico con mensaje de convivencia
En el barrio Fortuny de Reus, un grupo de jóvenes migrantes ha convertido una pared del Centro de Formación de Personas Adultas en un manifiesto visual por la convivencia. Bajo el lema «Rompamos los muros», el colectivo ha pintado un mural que resume vivencias de llegada, adaptación y pertenencia, y que se presenta como una llamada contra el racismo y a favor del derecho a emigrar. La pieza, visible en el exterior del centro, incorpora símbolos de libertad, como aves que abandonan una jaula, y se ha levantado tras dos sesiones previas de intercambio de experiencias entre los participantes.
Contexto local: rechazo municipal a la división social
La acción se produce días después de la difusión de un vídeo en redes por parte de Vox que señalaba a familias de una escuela de la ciudad, un episodio que ha suscitado rechazo institucional. La alcaldesa, Sandra Guaita, marcó distancia con ese tipo de mensajes y abogó por blindar la cohesión en los barrios. En sus palabras:
«Debemos establecer una barrera muy clara entre quienes queremos que formen parte de nuestras ciudades y quienes vienen a dividirlas»
El emplazamiento del mural, en un equipamiento educativo de Fortuny, refuerza el papel de los centros formativos como espacios de reflexión en clave comunitaria, más allá de su función académica. La iniciativa no se agota en la obra final: el proceso de escucha y codiseño ha sido parte consustancial del proyecto.
Un proceso guiado por experiencias diversas
El coordinador de la iniciativa, Ignacio Raúl Pérez Peña, explica que el punto de partida han sido relatos muy distintos entre sí: jóvenes llegados de forma irregular, con trayectorias complejas, y también segundas generaciones que describen la adaptación de sus familias a la realidad de acogida. Ese abanico de miradas ha alimentado un discurso visual compartido, que busca interpelar a vecinos y viandantes sobre cómo se construyen la pertenencia y la comunidad en Reus.
Quién impulsa y cómo se financia
El proyecto está promovido por el Ayuntamiento de Reus y cuenta con la colaboración de la ONG Kakolum. Dispone de financiación de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo, lo que permite replicar la experiencia en otros municipios. El apoyo institucional facilita tanto la producción artística como el trabajo previo de mediación social.
| Actor | Papel |
|---|---|
| Ayuntamiento de Reus | Impulso y coordinación local |
| ONG Kakolum | Acompañamiento comunitario |
| Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo | Financiación del proyecto |
| Centro de Formación de Personas Adultas (Fortuny) | Espacio y participación educativa |
Alcance territorial del programa
La iniciativa no se limita a Reus. La financiación de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo permite extender esta metodología de trabajo artístico y comunitario a otros puntos del país. Entre los municipios mencionados se encuentran La Granadella, Tarragona y Vic, lo que configura una pequeña red de acciones locales con un hilo conductor común: visibilizar y combatir el racismo mediante la creación colectiva.
- Ubicación: exterior del Centro de Formación de Personas Adultas, barrio Fortuny (Reus).
- Lema: «Rompamos los muros».
- Proceso: al menos dos sesiones previas de intercambio y diseño.
- Colaboración: Ayuntamiento de Reus y ONG Kakolum, con financiación autonómica.
Impacto de proximidad y continuidad
La elección de Fortuny y de un equipamiento de formación de adultos sitúa el foco en un entorno cotidiano para muchos vecinos del área oeste de la ciudad. El mural aspira a operar como un recordatorio visible de los valores de cohesión, así como a ofrecer un recurso pedagógico para el propio centro y para entidades del barrio. La réplica en otras localidades sugiere que esta fórmula —escucha, relato y creación— puede facilitar conversaciones complejas en clave de convivencia también en otras realidades urbanas.
En un momento en que los mensajes de polarización pueden escalar con rapidez por la vía digital, el trabajo de base se vuelve determinante. Este mural en Reus invita a detenerse, observar y reconocer trayectorias diversas, poniendo el acento en la pertenencia compartida y en la voluntad de que los barrios sigan siendo espacios de encuentro, no de confrontación.