Un nuevo informe elaborado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) en el marco del proyecto Iberifier Plus constata un fenómeno aparentemente contradictorio: una proporción significativa de la población española consulta herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa para informarse sobre ciencia y salud, aunque buena parte de ella no confía en esos mismos canales.
Según el estudio, el 32,3% de las personas encuestadas utiliza semanalmente herramientas de IA para temas científicos; el uso diario alcanza el 14,3% en la población general y sube al 28,8% entre los jóvenes de 16 a 24 años, mientras que cae hasta el 7% en mayores de 65. Pero frente a esa frecuencia de uso, el 62,4% considera que la IA facilita la difusión de desinformación y un 29,8% reconoce haber recibido bulos a través de estas herramientas.
Un uso amplio, pero con recelo
Los autores del informe, Celia Díaz Catalán (Universidad Complutense) y Pablo Cabrera Álvarez (Institute for Social and Economic Research, Universidad de Essex), subrayan que existe un desajuste entre el consumo y la confianza: mucha gente recurre a lo que no termina de creer. Como señalan los investigadores,
“se consume lo que no se cree del todo, quizás porque es lo más accesible y lo más inmediato”.
Ese escenario plantea retos claros para la comunicación de salud: los canales más rápidos y accesibles —incluida la IA— pueden convertirse en vehículos potentes de bulos que afectan a decisiones sobre nutrición, tratamientos, prevención y conductas sanitarias.
- Accesibilidad: la inmediatez de la IA la coloca por delante de medios tradicionales en frecuencia de uso.
- Desconfianza: la mayoría ve a la IA como catalizadora de desinformación, lo que complica su papel como fuente fiable.
- Brecha generacional: los más jóvenes la usan mucho más a diario, lo que exige adaptar la alfabetización mediática a edades tempranas.
Datos clave
| Concepto | Porcentaje |
|---|---|
| Uso semanal de IA para ciencia/salud | 32,3% |
| Uso diario (población general) | 14,3% |
| Uso diario (16–24 años) | 28,8% |
| Uso diario (≥65 años) | 7% |
| Quienes creen que la IA facilita desinformación | 62,4% |
| Quienes han recibido bulos vía IA | 29,8% |
Las cifras sugieren que la presencia de la IA en el ecosistema informativo ya es notable, pero que su rol no se ha consolidado como confiable. Para la salud pública esto tiene dos consecuencias concretas: por un lado, la circulación rápida de contenidos erróneos puede afectar a comportamientos sanitarios; por otro, la desconfianza en las fuentes digitales puede llevar a la población a mezclar información fiable con bulos, dificultando la toma de decisiones informadas.
El informe invita a reforzar las estrategias de alfabetización científica y digital, a fomentar fuentes verificadas y a que las instituciones de salud y los medios adapten sus formatos y velocidad de respuesta sin renunciar a la calidad. En un contexto en que la inmediatez compite con la veracidad, la apuesta por la educación mediática y la supervisión de las plataformas se perfila como herramienta clave para proteger la información sobre salud.