De un modesto caserío a una ciudad del Corredor del Henares
Las fuentes históricas consultadas describen un Torrejón de Ardoz muy distinto al que hoy supera los 140.000 habitantes. En 1575, cuando Felipe II impulsó las Relaciones Topográficas, la villa apenas contaba con unos 180 hogares y cerca de 220 vecinos, y ya gozaba de título y jurisdicción propios. Aquella realidad rural era, en esencia, la de un pueblo dedicado a las labores del campo, con un entramado urbano sencillo y unas instituciones religiosas y asistenciales que estructuraban la vida comunitaria.
Los edificios reseñados en las crónicas de la época configuran el paisaje público: la iglesia de San Juan Evangelista, diversas capillas, las ermitas de San Sebastián y Santa María del Rosario, y dos pequeños hospitales destinados, sobre todo, a viajeros y personas de paso. También aparecen en los documentos referencias a casas señoriales como la conocida Casa de la Torre y la llamada Casa Grande, antiguo inmueble de los jesuitas que cobijó, según la tradición escrita, al futuro rey Carlos IV en sus visitas cinegéticas.
- El tejido social era mayoritariamente jornalero y agrícola.
- La Plaza Mayor y la iglesia constituían el centro de la vida pública.
- El Camino Real y la calle de Enmedio articulaban la comunicación con el exterior.
La Plaza Mayor desempeñaba un papel central: tras la misa dominical los vecinos se reunían allí para intercambiar noticias; en ese mismo espacio se celebraban fiestas, bailes y festejos taurinos. El trazado urbano era sencillo: el Camino Real que unía Madrid y Zaragoza cruzaba el término y, perpendicular a él, la calle de Enmedio servía como eje desde el que se distribuían las vías menores.
| Año | Población aproximada |
|---|---|
| 1575 | ~220 vecinos |
| 1780 | ~500 vecinos |
| Actualidad | >140.000 habitantes |
El crecimiento poblacional fue muy lento durante los siglos siguientes: en 1780, según las Relaciones del cardenal Lorenzana, Torrejón rondaba los 500 vecinos. La economía local continuaba anclada en la agricultura, con amplios términos dedicados a cultivos y tierras de labor que sostenían el modo de vida de la mayor parte de la población.
Hoy, la imagen de grandes avenidas y equipamientos modernos contrasta con aquella estampa de calles de tierra y jornaleros, pero varios elementos patrimoniales y la propia disposición del casco histórico conservan huellas de ese pasado. Comprender ese origen ayuda a valorar la transformación urbana y social que ha experimentado Torrejón de Ardoz y aporta claves sobre la reordenación del espacio público y la conservación del patrimonio local.
Para los vecindarios actuales, esos antecedentes no son solo una curiosidad: explican la existencia de ciertos núcleos históricos, la localización de algunas edificaciones y la persistencia de tradiciones vinculadas a la Plaza Mayor y a la vida parroquial, que durante siglos marcaron el ritmo comunitario.