Un estudio del Institut de Recerca Urbana (IDRA), encargado por la Diputación de Barcelona, concluye que las olas de calor no se reparten de forma homogénea: el riesgo de morir o sufrir consecuencias graves se concentra en quienes tienen menos recursos, habitan viviendas antiguas y residen en entornos con escaso espacio verde. El informe vincula la mortalidad al calor con desigualdades sociales preexistentes y advierte de que el cambio climático agrava estas brechas.
Los datos citados en el estudio resultan reveladores: el verano de 2022, el más cálido registrado en Europa, se estimaron 1.772 muertes atribuibles al calor en toda Cataluña, de las cuales 1.327 ocurrieron en la provincia de Barcelona. Esa concentración subraya que el factor determinante no es sólo la temperatura exterior sino la combinación de renta, tipo de vivienda y capacidad para refrigerarla.
Desigualdad en dispositivos de refrigeración y en espacios verdes
El informe aporta cifras sobre la disponibilidad de sistemas de refrigeración según el nivel de ingresos: solo el 38,9% de los hogares con rentas inferiores a 1.000 euros al mes dispone de algún medio de refrigeración, frente al 71,2% entre familias con ingresos superiores a 3.000 euros. La media provincial se sitúa en el 57,2%.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Muertes atribuibles al calor en Cataluña (2022) | 1.772 |
| Muertes en la provincia de Barcelona (2022) | 1.327 |
| Hogares €3.000/mes con refrigeración | 71,2% |
| Media provincial con refrigeración | 57,2% |
Además, la presencia de zonas verdes es desigual: municipios vulnerables del Área Metropolitana como l'Hospitalet, Santa Coloma o Badalona ofrecen menos de 8 m² de espacio verde por habitante, frente a una media provincial de 28 m². Menos sombra y menos masa vegetal dificultan que las ciudades disipen el calor nocturno, un elemento clave para la recuperación fisiológica después de las jornadas calurosas.
Consecuencias prácticas y propuestas
El estudio apunta a posibles efectos adversos de una transición energética sin criterios redistributivos: las instalaciones de autoconsumo y las bonificaciones por energía solar tienden a concentrarse en viviendas unifamiliares de renta alta, lo que podría ampliar la brecha en protección frente al calor si no se introducen medidas compensatorias.
- Identificar y priorizar barrios con alta vulnerabilidad para dotarlos de refrigeración y espacios de enfriamiento.
- Impulsar ayudas específicas para instalar sistemas de refrigeración en hogares con bajos ingresos.
- Integrar criterios de equidad en programas de transición energética para garantizar acceso a soluciones de autoconsumo.
Para los municipios de la provincia, el estudio supone una llamada a la acción: medidas de corto plazo (reparto de dispositivos de refrigeración entre personas vulnerables, creación de refugios temporales frescos) y políticas estructurales (mejoras en la eficiencia y el aislamiento de la vivienda social, aumento de la superficie verde urbana) pueden reducir la mortalidad y la carga sanitaria asociada a episodios extremos de calor. Sin intervenciones, las peores consecuencias seguirán afectando a quienes menos capacidad tienen para protegerse.