En una tarde cualquiera, una familia en Durango o Pamplona puede recordar cómo las calles se llenaron hace más de una década para reclamar una decisión colectiva sobre el futuro del territorio. Esa memoria es la que pretende reactivar Gure Esku con la convocatoria del próximo 25 de octubre: un acto simultáneo en las capitales de Euskadi, Navarra e Iparralde que aspira a recuperar el pulso de un movimiento que fue capaz de movilizar a decenas de miles de personas.
De grandes cadenas humanas a la búsqueda de cohesión
La plataforma ciudadana nació en 2013 con la defensa del derecho a decidir y, desde entonces, ha organizado movilizaciones de gran visibilidad. Entre sus hitos están las cadenas humanas: en 2014 protagonizaron una cadena de 123 kilómetros que, según los organizadores, reunió a unas 150.000 personas. Cuatro años después, en 2018, unieron las tres capitales vascas en una cadena de 202 kilómetros.
| Año | Acción | Datos |
|---|---|---|
| 2014 | Cadena humana | 123 km, ~150.000 participantes |
| 2018 | Cadena humana | 202 km |
Con el paso de los años, la atención mediática y la capacidad de convocatoria se han reducido y Gure Esku admite haber sufrido un declive en intensidad, aunque mantiene el trabajo de base y la llamada a la resistencia cultural. El objetivo de la próxima movilización es claro: «dar un salto en la cohesión entre los territorios vascos y en el camino hacia la plena soberanía del país», según los organizadores.
«Existe una ola reaccionaria que pretende imponer la lógica de la fuerza y la opresión y recortar derechos fundamentales de la ciudadanía y que niega su existencia a naciones pequeñas como la nuestra»
Un reto organizativo y político
La convocatoria llega en un contexto marcado por la pluralidad de estrategias en el independentismo vasco y por el alejamiento de algunas fuerzas políticas tradicionales: el movimiento busca recuperar «músculo» ciudadano sin contraponer necesariamente una estrategia electoral, sino apelando a la movilización social y a la visibilidad pública.
- Reivindicación del derecho a decidir como eje central.
- Acto simultáneo en las tres capitales para reforzar la cohesión territorial.
- Intención de recuperar la capacidad de convocatoria de años anteriores.
El éxito de la iniciativa dependerá de la respuesta en la calle y de la capacidad de Gure Esku para conectar con nuevas generaciones y colectivos sociales en un escenario político diferente al de su auge. Si las cifras de 2014 y 2018 marcaron un antes y un después para el movimiento, el 25 de octubre será una prueba para saber si puede volver a ser un referente de movilización en el seno de la sociedad vasca y, por extensión, en el debate público a nivel nacional.