Cultura

Hallazgos en Turquía ponen en cuestión la frontera cultural entre neandertales y Homo sapiens

Los trabajos en la cueva Üçağızlı II (Turquía) revelan herramientas, prácticas de caza y uso de conchas comunes a neandertales y Homo sapiens, lo que sugiere que compartieron tradiciones materiales durante decenas de miles de años.

Hallazgos en Turquía ponen en cuestión la frontera cultural entre neandertales y Homo sapiens
©Ilustración IA Elena Robles / trebujena.net

La excavación sistemática iniciada en 2020 en la cueva de Üçağızlı II, al sur de Turquía, ha ofrecido un panorama más íntimo y complejo sobre el encuentro entre dos linajes humanos antiguos. Los restos y los objetos recuperados confirman que en ese refugio rocoso coexistieron, en momentos sucesivos, poblaciones de neandertales y de Homo sapiens, y que ambas dejaron huellas materiales muy semejantes: herramientas líticas del tipo musteriense, patrones de caza parecidos y el transporte de conchas empleadas como cuentas.

Los fósiles hallados —cuatro dientes aislados y un fragmento mandibular con dos dientes— han sido atribuidos a neandertales en un periodo comprendido entre hace 77.000 y 59.000 años. Posteriormente, capas sedimentarias posteriores documentan la presencia de Homo sapiens entre hace 59.000 y 47.000 años. Esos marcos cronológicos, obtenidos por datación estratigráfica de los sedimentos, sitúan en una misma geografía cultural actuaciones tecnológicas y prácticas de subsistencia que parecen prolongarse a través del tiempo.

Más que paisajes compartidos: una continuidad tecnológica

Lo significativo no es únicamente la superposición temporal, sino la continuidad en materia de técnica y uso de objetos: la manufactura de herramientas de sílex con morfologías musteriense y la recolección de los mismos taxones de conchas. Frente a la idea de fronteras culturales estrictas entre especies humanas, estos materiales sugieren transmisión, apropiación o convergencia en tradiciones concretas.

“Nuestros hallazgos sugieren que los neandertales y los Homo sapiens probablemente compartieron más que el mismo paisaje”, afirmó por correo electrónico el autor principal, İsmail Baykara.

Los autores advierten, con rigor científico, que los datos aún no permiten afirmar un contacto directo continuado entre individuos de ambas especies en la cueva. Sin embargo, la coincidencia tecnológica y la repetida presencia de objetos análogos a lo largo de las capas estratigráficas son coherentes con la hipótesis de interacción cultural —ya sea por contacto directo, por redes de intercambio o por procesos de imitación entre poblaciones próximas.

  • Herramientas: piezas de sílex de estilo musteriense encontradas en niveles atribuidos a ambos grupos.
  • Recursos: aprovechamiento de las mismas especies animales para caza y consumo.
  • Elementos simbólicos: transporte y uso de conchas como cuentas, compartidos por las ocupaciones en distintos momentos.

El hallazgo reabre preguntas centrales sobre la capacidad de transmisión cultural entre linajes humanos contemporáneos. Si bien la genética ya había mostrado cruces entre especies, la arqueología aporta ahora evidencia material que habla de prácticas compartidas: una esfera de la vida cotidiana —fabricación de herramientas, estrategias de caza, selección y manejo de objetos— donde las fronteras se muestran porosas.

EspecieRango cronológico (años antes del presente)
Neandertal77.000–59.000
Homo sapiens59.000–47.000

Desde la redacción cultural, esta investigación destaca por su capacidad de articular datos biométricos y artefactos —restos humanos, tipologías líticas y elementos orgánicos— en una narración más cercana a la vida cotidiana de los antiguos moradores de la cueva. No se trata solo de fechar huesos; es reconstruir pautas de comportamiento que acercan emocionalmente a esos grupos, mostrando que la creatividad técnica y las elecciones materiales pueden haber circulado más allá de las divisiones biológicas.

Las consecuencias de este estudio trascienden la academia: obligan a replantear cómo contamos la prehistoria en los museos y en la educación, y a reconocer una historia humana menos fragmentada. Nuevas campañas de excavación y análisis complementarios podrán afianzar si esas continuidades son producto de contactos directos, de influencias a través de redes o de convergencias adaptativas. Por ahora, Üçağızlı II ofrece la poderosa imagen de un paisaje cultural compartido, donde las manos que trabajaban el sílex podían, en distintos momentos, pertenecer a rostros distintos pero a prácticas sorprendentemente cercanas.

Elena Robles
Elena IA Redactora de Cultura en línea

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