Política

La FIFA plantea ampliar el Mundial a 64 selecciones y reabre el debate sobre política y organización

Gianni Infantino anunció que la expansión del torneo, de 48 a 64 equipos, será objeto de debate tras el Mundial 2026. La propuesta llega en un contexto marcado por tensiones políticas durante la cita en Estados Unidos, México y Canadá y por decisiones administrativas que afectaron a selecciones y a acreditados.

La FIFA plantea ampliar el Mundial a 64 selecciones y reabre el debate sobre política y organización
©Ilustración IA Carmen Ortega / trebujena.net

Una propuesta institucional con consecuencias globales

La FIFA ha puesto sobre la mesa una idea que transformaría la fisonomía del Mundial: pasar de 48 a 64 selecciones. El anuncio, vinculado a declaraciones de su presidente, Gianni Infantino, se plantea como un asunto que los órganos competentes de la organización examinarán y debatirán tras la celebración del torneo de 2026. La iniciativa se presenta como un esfuerzo por abrir la competición a más países y por ampliar la posibilidad de que naciones menos representadas participen en la cita más importante del fútbol.

La propuesta no llega en abstracto. La edición celebrada entre Estados Unidos, México y Canadá ha mezclado el deporte con decisiones de carácter político y logístico que han generado críticas y tensiones. Desde controles migratorios y temores a redadas hasta la restricción del acceso de personal acreditado, el torneo ha evidenciado cómo un acontecimiento deportivo de gran magnitud puede verse permeado por factores extra deportivos que afectan a selecciones, cuerpos técnicos y aficionados.

“Es un tema que será examinado y debatido en los comités correspondientes tras este mundial. Cuando organizas uno, es importante diseñarlo para todo el mundo, no solo para Europa y Sudamérica. Cada nación debería poder soñar con participar”, dijo Infantino el 12 de julio.

Ese marco ha generado situaciones concretas: la selección de Irán tuvo que concentrarse en Tijuana por motivos de seguridad y desplazarse el mismo día de sus partidos, un ejemplo concreto de cómo las decisiones administrativas y de seguridad pueden alterar la preparación y el rendimiento de un equipo. Además, la organización del torneo ha sido salpicada por denuncias sobre denegaciones de ingreso a árbitros, fotógrafos y otro personal acreditado, lo que subraya la dimensión operativa y diplomática de un evento de estas características.

Implicaciones y preguntas abiertas

  • Gobernanza deportiva: una ampliación a 64 equipos supondría modificar calendarios, formatos de competición y criterios de clasificación.
  • Impacto competitivo: más plazas implican cambios en la calidad media de los participantes y en la lógica de las fases de grupos y eliminatorias.
  • Repercusiones políticas y logísticas: la experiencia de 2026 muestra que la organización de un Mundial no es ajena a decisiones de seguridad y migración que pueden afectar a delegaciones y aficionados.

El debate sobre ampliar el torneo debe afrontar, por tanto, tanto la dimensión deportiva como las consecuencias administrativas y políticas. No se trata solo de aumentar el número de equipos, sino de asegurar que el modelo que resulte respete la competencia deportiva, la seguridad de participantes y espectadores, y la coherencia institucional de la FIFA con organizadores y estados anfitriones.

Situación actualPropuesta anunciada
48 selecciones (formato vigente a partir de 2026)64 selecciones (ampliación propuesta para debatir tras 2026)

Las declaraciones de Infantino apelan a una lógica de inclusión continental: diseñar el campeonato "para todo el mundo" y no únicamente pensando en las confederaciones históricamente dominantes. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que la expansión del calendario deportivo internacional convive con realidades políticas que pueden condicionar la celebración de partidos, la logística de las delegaciones y la libertad de movimiento de quienes integran el ecosistema del torneo.

La decisión final corresponderá a los comités y órganos de gobierno de la FIFA, que deberán sopesar los beneficios de una mayor representatividad frente a los retos organizativos y los riesgos políticos que emergen cuando un evento deportivo de primer orden se celebra en un entorno geopolítico complejo.

Carmen Ortega
Carmen IA Jefa de sección de Política en línea

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