Un desfase entre usuarios reales y población computada
El diseño vigente del Sistema de Financiación Autonómica (SFA) no incorpora la llamada población flotante, término con el que se describe a quienes se encuentran en un territorio de forma temporal pero que consumen servicios públicos. En Canarias esa ausencia tiene especial impacto: en la actualidad hay una media diaria de 367.000 personas no residentes presentes en las islas, mayoritariamente turistas, que utilizan recursos públicos como sanidad, transporte y seguridad.
Ese volumen no figura en la fórmula que distribuye recursos entre las comunidades, basada en la «población ajustada» que pondera factores demográficos y territoriales —edad, dispersión, insularidad— pero no el flujo diario de visitantes. El resultado es una fotografía que cubre las necesidades estructurales de la población residente, pero que no refleja la presión real sobre los servicios en territorios con un turismo intenso.
Crece la presión: la flotante aumenta mucho más que los residentes
Entre 2010 y 2023 la presencia media diaria de no residentes en Canarias pasó de 243.000 a 367.000, un incremento aproximado del 51%. En el mismo periodo la población residente se incrementó en unas 83.000 personas, lo que supone alrededor de un 4%. Esa divergencia —dos ritmos de crecimiento muy distintos— evidencia por qué la exclusión de la población flotante del SFA puede traducirse en recursos insuficientes para atender la demanda real.
| Indicador | 2010 (promedio diario) | 2023 (promedio diario) | Variación |
|---|---|---|---|
| Población no residente (flotante) | 243.000 | 367.000 | ~+51% |
| Población residente | (base 2010) | +83.000 | ~+4% |
Consecuencias prácticas y debate sobre el reparto
La exclusión de los visitantes del reparto afecta a la capacidad de las administraciones insulares para financiar servicios que sufren mayor demanda estacional y permanente. Sanidad, transporte público, limpieza urbana, emergencias y conservación de infraestructuras son áreas especialmente sensibles a los picos de población debidos al turismo.
- Sanidad: atención en urgencias y medicina primaria, que se concentran en temporadas altas.
- Movilidad y transporte: aumento de viajeros en carreteras, aeropuertos y transporte interurbano.
- Servicios locales: limpieza, suministro y seguridad ciudadana con costes variables según afluencia.
El modelo aprobado en 2009 y todavía en vigor pondera elementos estructurales, pero no recoge la presencia real de personas en un territorio en un momento dado. Ese vacío es especialmente llamativo en archipiélagos y destinos turísticos de gran intensidad, donde la demanda efectiva de servicios supera la prevista por la población residente.
Implicaciones para la política nacional
Actualizar la fórmula de reparto plantearía retos técnicos y políticos: qué indicadores usar, cómo evitar doble contabilización y qué peso asignar a flujos temporales sin desvirtuar el objetivo de cubrir necesidades permanentes de la ciudadanía. Cualquier cambio tendría efectos redistributivos entre comunidades y obligaría a un acuerdo nacional para redefinir criterios de equidad y eficiencia en la financiación.
Mientras tanto, las islas afrontan una realidad cotidiana: más usuarios efectivos que los que contempla su financiación, una tensión que exige respuestas administrativamente complejas pero necesarias para mantener la calidad de los servicios.