La cumbre de Ankara y la presión sobre el gasto de Defensa
Los líderes de la OTAN se reúnen esta semana en Ankara con dos objetivos económicos y estratégicos claros: consolidar nuevas líneas de financiación que sostengan el apoyo a Ucrania y fomentar contratos industriales con la industria militar para fortalecer la capacidad de la Alianza. El encuentro pretende además poner en valor el avance de los países europeos en materia de Defensa y responder a la presión de Estados Unidos para que los aliados incrementen su esfuerzo.
En el centro del debate está el compromiso acordado el año pasado de que los miembros alcancen el 5% del PIB en gasto de Defensa para 2035. Esa cifra se presenta ahora como una referencia política para encauzar inversiones y contratos que permitan a Europa depender menos de material estadounidense y cubrir necesidades a corto plazo en el frente ucraniano.
"La OTAN es y siempre será una alianza transatlántica, pero debemos reequilibrarla para mejor. En estrecha colaboración con Estados Unidos, los aliados europeos y Canadá están asumiendo mayor responsabilidad en materia de defensa convencional en Europa",
La cita de Mark Rutte anticipa la narrativa oficial: Europa debe dar un paso al frente. La discusión no es solo estratégica sino también económica: según los datos de la Alianza, entre 2016 y 2026 los aliados europeos y Canadá han aumentado su gasto en Defensa en 1,2 billones de dólares (1,05 billones de euros).
| Periodo | Incremento citado | Equivalente en euros |
|---|---|---|
| 2016–2026 | 1,2 billones de $ | 1,05 billones € |
| Solo 2025 | +139.000 millones $ (casi +20%) | 121.650 millones € |
Esos números muestran un acelerón en la inversión militar europea durante los últimos años, pero el aumento también genera tensiones políticas. Washington ha mostrado frustración con algunos aliados por cuestiones concretas de logística y acceso a bases, una queja que tiene implicaciones prácticas para España: el embajador de EE. UU. ante la OTAN afirmó que el presidente Trump está "decepcionado" con Madrid por su negativa a autorizar el uso de Morón y Rota en el marco de ciertos conflictos y por no elevar su gasto hasta el objetivo del 5%.
Para la economía española y la industria nacional, la cumbre puede abrir oportunidades y desafíos simultáneos. En el lado positivo, un mayor volumen de compras y modernización militar suele traducirse en encargos para empresas de defensa, subcontratistas y sectores auxiliares. En el lado negativo, el camino hacia mayores porcentajes del PIB en Defensa obliga a reordenar prioridades presupuestarias, lo que puede tensionar partidas sociales o de inversión pública si no se generan ingresos adicionales.
- Impacto industrial: mayor demanda de material y contratos con fabricantes europeos.
- Impacto fiscal: presión para aumentar el gasto público en Defensa hasta el 5% del PIB en 2035.
- Impacto geopolítico: necesidad de equilibrar autonomía europea con la cooperación transatlántica.
La cumbre de la OTAN en Ankara servirá, por tanto, para traducir compromisos políticos en cifras y acuerdos concretos con la industria. Para España, como para otros socios europeos, la decisión colectiva de incrementar el gasto y acelerar compras tendrá efectos palpables en presupuestos, empleos industriales y en la relación estratégica con Estados Unidos.