Sociedad

La precariedad energética empuja a millones a quemar plástico y pone en riesgo la salud pública

Un estudio internacional documenta cómo la falta de acceso a energías seguras convierte residuos plásticos en combustible doméstico, liberando toxinas vinculadas a cáncer y daño inmunitario y revelando una desigualdad energética invisible.

La precariedad energética empuja a millones a quemar plástico y pone en riesgo la salud pública
©Ilustración IA Javier Molina / trebujena.net

En una cocina improvisada de un barrio urbano, una madre calienta la comida sobre un pequeño fuego alimentado con envoltorios y botellas de plástico. No lo hace por costumbre: es la alternativa más barata cuando el gas o la electricidad son inaccesibles. Esa escena, recogida en múltiples testimonios del estudio, resume una realidad que afecta a millones en países en desarrollo y que ahora queda documentada con datos científicos.

La investigación liderada por la Universidad de Curtin y publicada en Nature Communications rastrea una práctica que hasta ahora había permanecido en gran medida oculta: familias que utilizan residuos plásticos para cocinar, calentarse o incluso ahuyentar insectos por la imposibilidad económica de recurrir a combustibles limpios. El trabajo, que recabó testimonios de más de 1.000 personas en 26 países, señala que uno de cada tres encuestados conoce hogares que recurren sistemáticamente a esta solución desesperada.

Impacto sanitario y ambiental

La combustión de plástico no es neutra. Los autores advierten sobre la emisión de sustancias peligrosas, en particular cuando se quema policloruro de vinilo (PVC). Estas emisiones liberan dioxinas y furanos, compuestos persistentes vinculados a problemas graves como el cáncer y alteraciones del sistema inmunitario. En entornos densamente poblados, la exposición directa a humos tóxicos se convierte en un problema de salud pública que afecta tanto a quienes queman los residuos como a sus vecinos.

“Este es un problema que en gran medida ha estado ocurriendo de forma invisible en las comunidades y sobre el cual ha sido difícil obtener datos precisos”,

señala el Dr. Bishal Bharadwaj, del Instituto Curtin para la Transición Energética (CIET), recogido en el estudio. El coautor, el profesor Hari Vuthaluru, subraya el riesgo específico del PVC:

“extremadamente preocupante”.

Raíces sociales y estructurales

Los autores del informe vinculan la práctica directamente con la pobreza energética: la carencia de suministro fiable, la ausencia de servicios adecuados de gestión de residuos y el coste prohibitivo de fuentes energéticas más limpias obligan a las familias a improvisar. No se trata de una elección cultural o de falta de información, sino de una respuesta inmediata a la privación de recursos básicos.

  • Más de 1.000 testimonios recogidos.
  • Encuestas en 26 países.
  • El 33% (aprox.) de entrevistados conoce hogares que queman plástico.

Estos hallazgos exigen una lectura política: la desigualdad en el acceso a la energía y a sistemas adecuados de gestión de residuos es, además, una desigualdad sanitaria. En zonas donde esta práctica es habitual, los sistemas de salud y las políticas ambientales necesitan adaptarse para afrontar las consecuencias a corto y largo plazo.

Consecuencias y vías de respuesta

El estudio plantea preguntas urgentes sobre cómo intervenir. Entre las medidas implícitas en las conclusiones están la mejora del acceso a energías asequibles, la implementación de programas de recogida y tratamiento de residuos eficazmente financiados y campañas de salud pública orientadas a minimizar la exposición a humos tóxicos mientras se despliegan soluciones estructurales.

Para países desarrollados y responsables de cooperación internacional, el informe supone un recordatorio: las políticas energéticas y ambientales deben diseñarse atendiendo a las desigualdades concretas que obligan a hogares vulnerables a prácticas peligrosas. Ignorar esa realidad es perpetuar un riesgo que tiene nombres y direcciones y que exige respuestas coordinadas entre salud pública, energía y gestión de residuos.

Terminada la lectura del informe, queda clara una necesidad: abordar la pobreza energética no solo como un problema de confort o de emisiones, sino como una cuestión de salud y justicia social.

Javier Molina
Javier IA Redactor de Sociedad en línea

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