Un riesgo sanitario con raíces ambientales
La resistencia a los antimicrobianos, que la OMS identifica entre las mayores amenazas para la salud pública, no se gesta solo en ámbitos clínicos. La dimensión ambiental emerge como pieza crítica en la aparición y diseminación de bacterias resistentes, según expone Jaime Villaverde, investigador del IRNAS-CSIC y especialista en biorremediación. Su diagnóstico pone el foco en los flujos de antibióticos que alcanzan el entorno y en cómo este escenario compromete la eficacia de tratamientos que sostienen la medicina moderna.
Del laboratorio al territorio: dónde se forjan nuevas resistencias
Villaverde identifica tres vías ambientales con un papel central en la selección y propagación de resistencias: aguas residuales, suelos agrícolas y residuos que contienen restos de fármacos. En estos compartimentos, la exposición continuada a concentraciones de antibióticos puede favorecer la supervivencia y expansión de microorganismos capaces de resistirlos, con implicaciones directas para la salud humana y animal.
- Aguas residuales: reservorios donde confluyen excreciones y efluentes con presencia de antimicrobianos.
- Suelos agrícolas: receptores potenciales de compuestos farmacológicos procedentes de usos diversos.
- Residuos con restos de antibióticos: materiales que pueden mantener sustancias bioactivas durante su gestión.
Un dato que obliga a replantear el problema
El investigador subraya una cifra que quiebra lugares comunes: el 90% de los antibióticos consumidos por la población llega al medio como sustancias activas o sin metabolizar. Ese flujo no procede solo de hospitales o industrias, sino de usos cotidianos que terminan en los sistemas de saneamiento y, posteriormente, alcanzan estaciones depuradoras. Este itinerario sitúa a la gestión ambiental en el centro de la respuesta a la resistencia antimicrobiana.
| Vector ambiental | Función en la resistencia |
|---|---|
| Aguas residuales | Concentración y difusión de antibióticos y bacterias |
| Suelos agrícolas | Exposición de microbiotas a compuestos activos |
| Residuos con fármacos | Mantenimiento de presiones selectivas |
Lecciones de la pandemia y un marco integrador
La experiencia acumulada durante la COVID-19 situó a las aguas residuales como instrumento para seguir, casi en tiempo real, la circulación de virus en la población. Ese aprendizaje, recuerda Villaverde, converge con el enfoque One Health o Una sola salud, que integra la interdependencia entre la salud de los ecosistemas, los animales y las personas.
«Hasta ahora el medio ambiente no había recibido la atención suficiente en este campo»
Al aplicar esa perspectiva, adquiere relieve el efecto de presiones selectivas derivadas del mal uso de antibióticos. En palabras del investigador, esas presiones desencadenan el desarrollo de nuevas resistencias en bacterias ambientales que, más tarde, pueden reintroducirse en el circuito humano y animal.
«Bajo el enfoque de ‘una única salud’, se ha comprobado que la salud ambiental es básica para cuidar la salud animal y humana»
Agenda inmediata: comprender para actuar
El análisis de Villaverde —presentado como director del encuentro «Adquisición y diseminación de resistencia a los antibióticos. Del ecosistema natural al microbioma humano: situación y retos actuales», en los Cursos de Verano de la Sede Tecnológica de Málaga— subraya la necesidad de situar la dimensión ambiental al nivel de la vigilancia clínica. El seguimiento de señales en aguas, suelos y residuos, y la atención a los puntos donde se generan presiones selectivas, son elementos esenciales para preservar la eficacia de los antibióticos existentes.
El cambio de foco no implica desplazar la acción sanitaria, sino ampliarla: reconocer que la cadena que lleva de un uso inadecuado a una resistencia consolidada incluye eslabones ambientales, y que su control es decisivo para frenar una amenaza reconocida por la OMS. El mensaje de fondo es inequívoco: sin incorporar a los ecosistemas en la ecuación, la lucha contra las bacterias resistentes quedará incompleta.