El coste real de cursar un grado fuera de la provincia
La política de gratuidad de matrículas implantada por la Xunta ha reducido el peso de las tasas universitarias, pero no ha eliminado la barrera económica que representa abandonar Ourense para estudiar en otra ciudad. Según el análisis publicado en La Región, un alumno ourensano que cursa sus estudios fuera soporta un gasto aproximado de 8.000 euros por curso, cifra que se concentra sobre todo en la vivienda y la alimentación.
El reparto estimado de ese presupuesto anual refleja la fuerte presión del mercado del alquiler y el coste de la vida para estudiantes:
- Alojamiento: entre 300 y 450 euros mensuales.
- Compra de alimentos: entre 200 y 250 euros mensuales.
- Suministros (luz, agua, wifi): entre 40 y 60 euros al mes.
- Transporte: alrededor de 50 euros mensuales.
- Ocio y gastos personales: entre 100 y 150 euros al mes.
| Concepto | Rango mensual |
|---|---|
| Alojamiento | 300–450 € |
| Alimentación | 200–250 € |
| Suministros | 40–60 € |
| Transporte | ≈50 € |
| Ocio y extras | 100–150 € |
Para muchos hogares de la provincia, ese coste recurrente convierte la opción de estudiar fuera en un esfuerzo económico considerable; algunos estudiantes, sobre todo en el primer año, optan por desplazarse cada día desde Ourense a ciudades como Santiago o Vigo para ahorrar en alojamiento.
Condiciones de los pisos y riesgos para el acceso a la universidad
El problema no es solo el precio: la oferta de viviendas para estudiantes muestra deficiencias que penalizan la calidad de vida y la seguridad. Relatos de jóvenes ourensanos recogen problemas de humedades, mobiliario en mal estado, habitaciones sin ventilación adecuada y aislamiento insuficiente, condiciones que en algunos casos han llevado a retrasar la mudanza o a rechazar pisos.
“El primer curso fui y vine todos los días porque los pisos daban miedo, y no conseguí ningún piso en el que me atreviera a vivir tal y como estaban”
Además, la elevada demanda favorece prácticas de encarecimiento y sobreocupación de inmuebles: la transformación de salas en habitaciones, el aprovechamiento de bajos sin las condiciones de habitabilidad adecuadas y otras fórmulas que reducen la calidad del alojamiento, según testimonios recogidos.
Consecuencias locales y medidas de alivio posibles
Para Ourense, la situación tiene varias implicaciones: por un lado, puede aumentar la desigualdad educativa si el coste se convierte en filtro; por otro, tensiona el mercado de alquiler en la ciudad y en las cercanías, con impacto en los precios y en la oferta de vivienda joven. Las familias se ven obligadas a planificar presupuestos extensos o a asumir desplazamientos largos y costosos.
Las soluciones requerirían intervenciones en varios frentes: incremento de plazas de residencia pública o conveniada, políticas municipales de fomento del alquiler juvenil y programas de ayuda directa a estudiantes con menos recursos. También es relevante la actuación de la comunidad universitaria y las administraciones para controlar la oferta ilegal o ilegalmente acondicionada.
En el corto plazo, el recurso más inmediato para muchos estudiantes es la búsqueda temprana y colectiva de pisos, el uso de redes familiares y el reparto de gastos entre compañeros. Para las autoridades locales y autonómicas, el reto es ofrecer alternativas asequibles que permitan a los jóvenes ourensanos acceder con garantías a la educación superior sin asumir cargas financieras insostenibles.